Con una altitud media de 25 metros sobre el nivel del mar y un clima mediterráneo que alterna lluvias torrenciales con largos períodos secos, Marbella presenta desafíos geotécnicos singulares. Los suelos de la zona costera suelen ser arenas limosas con lentes arcillosos, mientras que en las laderas de la Sierra Blanca aparecen margas y arcillas expansivas. Un análisis de asentamientos bien ejecutado permite predecir cuánto se deformará el terreno bajo carga, evitando grietas en estructuras. Para obras en terrenos blandos conviene complementar el estudio con un ensayo SPT que mide la resistencia a la penetración, o con una placa de carga para estimar directamente el módulo de reacción del suelo bajo la cimentación.

En suelos costeros de Marbella, la consolidación secundaria puede representar hasta el 30% del asentamiento total, un dato que no debe pasarse por alto en el diseño.